Andy López Beltrán: negar no es aclarar

En política, la honestidad no se presume ni se hereda: se demuestra

Ámbitio de lo Público

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Andy López Beltrán tiene todo el derecho de defenderse de los señalamientos que lo involucran en presuntas irregularidades en presunta complicidad con Jorge Amilcar Olán. También puede denunciar lo que considera una campaña de desprestigio. Sin embargo, en política las declaraciones no sustituyen a las pruebas, ni las descalificaciones resuelven las dudas. 

Negar vínculos indebidos o rechazar haber intervenido en contratos públicos en el llamado «Clan» es una postura respetable, pero señalar a periodistas y empresarios como responsables de una supuesta persecución no responde necesariamente a las preguntas que han surgido alrededor de su nombre y de su familia. 

Hay una diferencia importante entre ser víctima de ataques políticos y tener que responder cuestionamientos legítimos sobre las relaciones personales y empresariales que rodean al poder. Una cosa no cancela la otra. 

Y es precisamente ahí donde Andy debe entender que su apellido no lo coloca fuera del escrutinio público. Ser hijo de un expresidente no constituye delito alguno, pero tampoco representa una protección frente a la exigencia ciudadana de transparencia, sobre todo en este caso donde se habla de miles de millones de pesos. 

Durante años, el movimiento encabezado por Andrés Manuel López Obrador hizo de la «honestidad», la «austeridad» y el «combate a los privilegios» sus principales banderas. Por eso, la congruencia debe demostrarse también entre quienes forman parte de su círculo más cercano. No sería aceptable exigir explicaciones a los adversarios y considerar ataques políticos las preguntas dirigidas a los propios. 

Tampoco se trata de condenar anticipadamente a nadie. Hasta ahora, los señalamientos no equivalen a una sentencia ni acreditan por sí mismos responsabilidad penal. Lo que corresponde es que cualquier irregularidad debidamente sustentada sea investigada, si es que el actual gobierno mexicano quiere hacerlo, y que las explicaciones puedan contrastarse con documentos y hechos verificables. 

La política mexicana ya ha tenido suficientes personajes que confunden la lealtad con la impunidad y la crítica con la persecución. Andy tiene la oportunidad de despejar las dudas con transparencia, no solamente con declaraciones, antes de que Amilcar Olán decida abrir la boca y presentar pruebas de alguna culpabilidad. 

En política, la honestidad no se presume ni se hereda: se demuestra. Y ningún apellido, por poderoso que sea, debería estar por encima de las preguntas de los ciudadanos que ya están cansados de tanta maroma.