PRD-CDMX: sobrevivir no es renacer; el desafío de las urnas en 2027

En política, sobrevivir a una crisis institucional es una victoria administrativa; recuperar la confianza de la gente es una victoria electoral. 

Ámbitio de lo Público

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El Partido de la Revolución Democrática en la Ciudad de México enfrenta una de las pruebas más importantes de su historia: demostrar que su supervivencia jurídica puede convertirse en una verdadera recuperación política. Después de perder su registro nacional en septiembre de 2024, el PRD encontró en la capital una segunda oportunidad como partido local. Sin embargo, conservar las siglas no significa recuperar automáticamente la confianza ciudadana ni el protagonismo que alguna vez tuvo en la izquierda mexicana. 

Las cifras oficiales ofrecen una primera respuesta. El Instituto Electoral de la Ciudad de México (IECM) verificó 80 mil 999 afiliaciones válidas, cuando el mínimo exigido para conservar el registro era de 20 mil 611. El partido superó ampliamente ese requisito, pero la pregunta política es otra: ¿cuántos de esos afiliados participan activamente, recorren las colonias, organizan estructuras y están dispuestos a defender sus candidaturas en las urnas? El padrón es un punto de partida, no una garantía de votos. 

El panorama financiero tampoco es menor. Para 2026, el IECM aprobó al PRD-CDMX 40 millones 573 mil 970 pesos con 55 centavos de financiamiento público para actividades ordinarias, además de recursos para actividades específicas. Esa prerrogativa le proporciona una base institucional para organizarse y reconstruir su presencia; también coloca sobre sus dirigentes la responsabilidad de demostrar que el dinero público se traduce en trabajo territorial, formación política y resultados verificables. 

El antecedente electoral de 2024 tampoco debe ignorarse. En la elección de alcaldías, la candidatura común integrada por Morena, PT y PVEM obtuvo 2 millones 673 mil 68 votos, equivalentes al 48.56 por ciento; la coalición opositora Va por la CDMX alcanzó 2 millones 168 mil 119 votos, el 39.39 por ciento. Esos resultados corresponden a las alianzas completas, no exclusivamente al PRD, pero retratan una capital competida en la que el partido tendrá que justificar qué aporta por sí mismo y qué espacio puede conquistar frente a sus antiguos aliados y adversarios. 

Rumbo a 2027, el PRD-CDMX enfrenta tres tareas inaplazables: resolver sus diferencias internas, reconstruir liderazgos reconocidos en las 16 alcaldías y presentar propuestas concretas sobre seguridad, movilidad, agua, servicios públicos y costo de vida. La nostalgia por sus años de gobierno no será suficiente. Tampoco bastará con reciclar nombres, repartir candidaturas entre grupos o confiar en que una alianza electoral haga el trabajo que el partido no haya realizado en las calles. 

¿Puede recuperar espacios en 2027? Sí, pero dependerá de su capacidad para distinguir entre militancia registrada y respaldo ciudadano, seleccionar candidatos competitivos y construir acuerdos sin perder identidad. El escenario más favorable sería recuperar presencia legislativa y municipal mediante una estrategia territorial consistente; el más adverso, quedar reducido a una estructura con financiamiento y registro, pero con escasa capacidad de convocatoria. Ninguno de esos desenlaces está garantizado: serán los resultados y las decisiones políticas los que determinen su futuro. 

La conclusión es contundente: el PRD-CDMX ya superó la prueba de conservar su registro, pero todavía tiene pendiente la prueba más difícil: convencer a los ciudadanos de que merece seguir gobernando o representándolos. En 2027 no bastará con demostrar cuántas personas aparecen en su padrón; tendrá que demostrar cuántas están dispuestas a votar por él. Porque en política, sobrevivir a una crisis institucional es una victoria administrativa; recuperar la confianza de la gente es una victoria electoral.