PAN-CDMX: ¿oposición con futuro o liderazgo a prueba?
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A menos de un año de las elecciones intermedias de 2027, el Partido Acción Nacional en la Ciudad de México enfrenta una pregunta que no puede responderse con discursos ni conferencias de prensa: ¿tiene la fuerza suficiente para convertirse en una alternativa real de gobierno o corre el riesgo de conformarse con administrar sus bastiones políticos? La respuesta pasa necesariamente por el desempeño de su presidenta local, Luisa Gutiérrez Ureña, y por la capacidad del partido para transformar su estructura en votos.
En marzo de 2026, Gutiérrez Ureña anunció el arranque de la estrategia electoral panista con tres objetivos: posicionamiento, elaboración de propuestas y fortalecimiento territorial. También planteó abrir el 100 por ciento de las candidaturas a la ciudadanía. La iniciativa suena atractiva, pero abre interrogantes fundamentales: ¿habrá una competencia verdaderamente abierta o terminarán imponiéndose los grupos tradicionales? ¿Cómo evitará el PAN que las candidaturas se conviertan en cuotas de poder y no en una selección de los perfiles más competitivos?
Las cifras electorales obligan a mirar el panorama sin triunfalismos. En 2024, la candidatura común de Morena, PT y PVEM obtuvo 2 millones 673 mil 68 votos para las alcaldías, equivalentes al 48.56 por ciento. La coalición opositora integrada por PAN, PRI y PRD consiguió 2 millones 168 mil 119 votos, el 39.39 por ciento. La diferencia fue de 504 mil 949 sufragios. Sin embargo, esa votación correspondió a alianzas, no exclusivamente al PAN. Por eso, atribuir todos esos votos a Acción Nacional sería una lectura equivocada de la realidad.
En el Congreso capitalino, el PAN obtuvo 16 de las 66 diputaciones de la III Legislatura, incluida la diputación migrante asignada conforme al convenio de coalición. Es una representación importante, pero insuficiente para gobernar por sí solo. El reto de 2027 será conservar ese peso legislativo y, al mismo tiempo, demostrar que puede ampliar su respaldo más allá de las zonas donde históricamente ha sido competitivo.
¿Y cuántos panistas tiene realmente la Ciudad de México? Aquí hace falta precisión. El padrón nacional validado por el INE en 2026 registra 366 mil 104 militantes del PAN en todo el país. Esa cifra no representa a los simpatizantes ni corresponde exclusivamente a la capital. Sin un desglose local verificable y actualizado, cualquier cantidad atribuida al PAN-CDMX sería una afirmación sin sustento. Además, estar afiliado no significa necesariamente votar por el partido, participar en sus actividades o movilizar electores.
El problema de Luisa Gutiérrez no consiste solamente en mantener la unidad interna, sino en acreditar que su dirigencia puede producir resultados. ¿Tiene el PAN una estructura territorial capaz de defender cada voto? ¿Cuenta con cuadros nuevos que conecten con jóvenes, trabajadores y sectores inconformes? ¿Presentará propuestas concretas sobre seguridad, agua, movilidad, servicios públicos y empleo, o volverá a concentrar su discurso en la crítica a Morena? Una oposición puede denunciar los errores del gobierno, pero necesita demostrar que también sabe resolver problemas.
En 2027, el PAN podría conservar posiciones relevantes y competir con posibilidades reales en determinadas alcaldías y distritos; también podría retroceder si las disputas internas, las candidaturas cuestionadas y una campaña sin propuestas le restan credibilidad. No es serio anticipar un resultado definitivo sin encuestas confiables, candidaturas registradas y mediciones territoriales. La pregunta de fondo es otra: ¿Luisa Gutiérrez logrará convertir la estructura partidista en confianza ciudadana o su gestión será evaluada por las oportunidades que dejó escapar?
El reloj electoral ya está corriendo. Para Acción Nacional, la capital no se ganará únicamente con el recuerdo de sus gobiernos ni con la suma de las siglas opositoras. Se ganará —o se perderá— en las calles, en las propuestas y en las urnas. Y cuando llegue el momento de rendir cuentas, la dirigencia tendrá que responder con resultados, no con promesas.
