Migrantes adultas mayores retornan a México con múltiples desafíos, entre ellos de salud
43.9 por ciento presenta al menos dos enfermedades crónicas
Por Rocío Briceño
En 2021 cerca de un millón de personas de 65 años o más en México declaró haber migrado en algún momento de su vida a Estados Unidos por motivos laborales; de ellas, más de 259 mil 900 eran mujeres, quienes enfrentaban brechas de desigualdad económica y de salud.
Así lo expuso el técnico académico del Instituto de Investigaciones Económicas (IIEc) de la UNAM, Sebastián Antonio Jiménez Solís, al participar en la décima sesión del Seminario Permanente “Migración, género y trabajo”, donde recordó que 43.9 por ciento presentaba multimorbilidad -al menos dos enfermedades crónicas- frente a 40.3 por ciento de ese mismo grupo de edad, que no migraron.
Esto muestra que este conjunto llega a la vejez en condiciones de salud “no muy buenas”, indicó Jiménez Solís. Por ello, es necesario analizar sus trayectorias, es decir, en qué sectores se insertaron a trabajar, si contaron o no con seguridad social y atención médica, entre otros factores.
Las estadísticas provienen del Estudio Nacional sobre Salud y Envejecimiento en México 2021 (ENASEM), el cual también refiere que 29.9 por ciento de las adultas mayores migrantes presentaba dependencia funcional; es decir, falta de autonomía y requerían asistencia o apoyo; frente a 26.8 por ciento de las no migrantes; 19.4 por ciento de los hombres migrantes y 15.1 por ciento de los no migrantes de ese mismo rango de edad. Las cifras se complementaron con entrevistas.
En su presentación “Migración y envejecimiento: brechas de género en la salud y las condiciones económicas”, el experto del IIEc y maestro en Población y Desarrollo añadió que estas cifras demandan estudiar en qué condiciones retornan las adultas mayores a México y conocer sus requerimientos de salud.
El 45.9 por ciento son viudas y 77.2 por ciento prefiere vivir en zonas urbanas para mantener cercanía con las y los hijos, al igual que con sus nietas y nietos, además de ayudar a los cuidados, abundó.
Jiménez Solís manifestó que entre los factores que incrementan la probabilidad de que hayan migrado están: tener bajo nivel de escolaridad, residir en localidad rural y vivir en hogares compartidos con otras generaciones.
Los impactos
La integrante del IIEc, maestra en Administración y especialista en Políticas de Cuidado, Erika Martínez López, planteó que la migración femenina sucede por problemas de pobreza, desempleo y con el objetivo de ayudar económicamente a la familia y ya no solo por acompañar a alguien.
Enfatizó que el análisis de la población de mujeres migrantes con edad superior a 65 años revela que cuando deciden retornar a su nación de origen lo hacen con problemas de salud y otras necesidades derivadas del envejecimiento.
Muchas, expuso, llegaron al país destino jóvenes, en edad reproductiva, con ánimo de crecer, ayudar a su familia y buscaron dos o tres empleos para poder subsistir, enviar recursos y cubrir más prioridades, lo que impacta en su calidad de vida.
Al regresar tienen pocos recursos, presentan multimorbilidad, están solas, no llegan a tener un negocio propio. En ese sentido, cuestionó si hay programas sociales y políticas públicas que respalden su retorno y no las hagan sentirse nuevamente migrantes.
La sesión fue moderada por la también integrante del IIEc y doctora en Economía, Daniela Castro Alquicira, quien añadió que la migración no es una experiencia homogénea: importa la duración, el destino, tipo de empleo que tienen, el momento en que vuelven a su país y las razones por las que lo llevan a cabo. En el caso de las mayores puede ser por enfermedad, la necesidad de cuidados, entre otros aspectos.
